ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent
Berenjena, la hortaliza milenaria

Berenjena, la hortaliza milenaria

- Categorías : Noticias

Desde sus orígenes, color y propiedades hasta una receta exquisita

En Gran Canaria tenemos el privilegio de poder añadir berenjenas a nuestra cesta de la compra durante el mes de mayo. En otros lugares, se suele encontrar de temporada sólo en verano por ser una planta que, como su propio nombre botánico indica (solanum melongea), necesita muchas horas de sol y temperaturas elevadas para crecer.

Al igual que el tomate, el pimiento o la papa, la berenjena pertenece a la familia de las solanáceas, pero lo que pocos saben es que es pariente del tabaco, como revela la presencia de nicotina en sus semillas. Por eso, si nos comemos una berenjena poco hecha o que no ha sido remojada en agua (o sal), notaremos un cosquilleo en la punta de la lengua. Pero tranquilos, la dosis de nicotina que contiene una berenjena es totalmente inocua.

Orígenes

La procedencia de esta popular hortaliza casi se pierde en la noche de los tiempos. En la India, por ejemplo (donde se la conoce como binjal), se consume desde hace más de cuatro mil años, pero fueron los árabes los principales exportadores y distribuidores de esta planta en occidente. Actualmente está extendida en toda Europa y se calcula que en la provincia de Las Palmas de Gran Canaria su producción anual ronda las dos mil toneladas.

El origen de la palabra ‘berenjena’ se remonta al sánscrito, al persa y finalmente al árabe, sin que exista forma humana de saber qué significa. Lo que sí se sabe es que en los tiempos en los que se hablaba en latín, fue llamada ‘mala insana’ porque, según citan las fuentes históricas, la berenjena alteraba al hombre, predisponiéndole a la lujuria. Por eso fue también conocida como ‘amoris poma’ y posiblemente sea esa también el origen y la razón por la que ha terminado utilizándose el emoticono de esta hortaliza para hacer referencia al atributo fálico masculino.

Cultura popular

Nuestra cultura está impregnada por la presencia de este fruto de la tierra cargado de propiedades y nutrientes de lo más variopintos. Expresiones como ‘meterse en un berenjenal’, refiriéndose a cuando alguien se mete en un lío del que puede salir mal parado, son la prueba de su inmemorial existencia en nuestras vidas.

Cuentan las crónicas que, en la península,  los toledanos del siglo XVI y XVII obtuvieron el apodo de “berenjeneros” por su intensa afición a las  berenjenas o que Baltasar del Alcázar (1530-1606), poeta festivo sevillano del siglo XVI, el famoso autor de La cena jocosa, escribió en alusión a la berenjena: “Tres cosas me tienen preso de amores el corazón: la bella Inés, el jamón y berenjenas con queso”. No sorprende, pues, que el refranero diga: “Berenjenas con queso, saben a beso”.

Pero como curiosidad folclórica, destaca la historia de una distinción honorífica que existió a principios del siglo XIX: la condecoración de ‘El Gran Cordón de la Orden Real de España’. Por lo visto, como el cordón del que colgaba la distinguida medalla era morado, el pueblo llamó a los portadores de este emblema Real “La Orden de la Berenjena”.

Color y propiedades

El color de la berenjena es generalmente morado, de diferentes tonos que van desde un suave lila hasta un morado intenso que puede llegar a ser negro. Esto se debe a un pigmento que expresa la planta a nivel de la piel de la fruta (las antocianinas, de acción antioxidante). A pesar de que existen berenjenas de color blanco, verde, amarillo o púrpura, la más popular es la Black Beauty, de color azul oscuro casi negro, también conocida como la variedad americana. Otra variedad muy popular es la Siciliana o rayada.

En cuanto a sus propiedades, la berenjena está compuesta principalmente por agua (92,6%). Esto, sumado a sus escasas grasas, la hace muy  ligera. La fibra es, aparte del agua, el principal componente de la berenjena. De tipo soluble, favorece el buen estado de la flora bacteriana. Y En cuanto a sus micronutrientes, destaca principalmente su aporte en potasio y ácido fólico, aunque también es rica en vitamina B6, vitamina B1 y magnesio.

Preparación

Para beneficiarse de todas las propiedades de la berenjena es necesario prepararla de manera adecuada. Las maneras más saludables y digestivas de consumirla son asadas enteras al horno, a la plancha y luego aliñadas ligeramente o convertidas en patés vegetales. Para conseguir una pulpa más densa y que absorba menos aceite es necesario salarla antes de su cocción. Así, las moléculas de sodio atraen el agua al exterior y extraen la humedad de la carne.

En el mediterráneo español es muy popular la escalibada (o escalivada), a base de berenjena, cebolla y pimiento asado.

Cualquier plato hecho con berenjena se puede perfumar con plantas aromáticas como el orégano, el tomillo, la mejorana y el perejil, u otras más nuestras como el cilantro.

Cocinada al horno mejora notablemente su textura y concentra los sabores, pero la verdad es que esta hortaliza admite cualquier forma de preparación, como el guisado, el asado o el sencillo y saludable método al vapor.

Su versatilidad permite incluso crear rectas dulces como la  berenjena frita con miel de caña o la mermelada de berenjenas.

Una receta imperdible

Acércate a uno de nuestros mercados locales o entra en nuestro mercado digital y consigue los ingredientes para preparar esta receta destinada al éxito: Berenjenas a la plancha con miel. 

  • Ingredientes:

2 berenjenas
150 gr. de queso de cabra
½ cucharada pequeña de comino
4 cucharadas de miel de caña o de flores
Aceite de oliva

  • Elaboración:

Lavar muy bien las berenjenas y secarlas con papel de cocina. Cortarlas en rodajas (no es necesario quitarles la piel ya que con ella tendrán mejor presentación). Pasar por la plancha las rodajas con un poco de aceite y a fuego bajo. Cuando comiencen a tomar un tono doradito y estén blandas, apagar el fuego.

  • Aliño:

Incorporar en un bol cuatro cucharaditas de miel, el comino y cuatro cucharadas de aceite de oliva. Remover todos los ingredientes para que se mezclen muy bien y añadir el queso de cabra bien desmenuzado. Volver a mezclar. Si queremos que el aliño tenga un sabor dulce, utilizaremos miel de flores. Si preferimos un toque más amargo recurriremos a la miel de caña.

Por último, emplataremos las rodajas en una fuente plana, añadiremos el aliño… y disfrutaremos del este exquisito ‘berenjenal’ culinario.